Beatriz Monseco: “Valladolid es una ciudad accesible, cuando voy a otras me cuesta más”
Nacer y crecer sin ningún tipo de discapacidad que te complique tu vida diaria suele ser lo habitual, pero no la norma. Hay 176.078 personas en Castilla y León (20.518 en Valladolid) que cuentan con algún tipo de discapacidad física o intelectual (reconocida) que le afecta en su día a día según el informe del Plan de Inclusión social de Valladolid. Hasta lo más básico que podemos pasar desapercibido para ellos puede ser una odisea.
En Valladolid ha habido un progreso muy lento en los últimos años, al menos así lo ve Beatriz Monseco, una persona en silla de ruedas que ha sufrido las discriminaciones de su discapacidad, “llevo en silla de ruedas desde 2001 y ha mejorado, pero muy lentamente”, dijo.
Al contrario que Lidia Martín, responsable de accesibilidad en ASPAYM, que piensa que “el hecho de que tú veas por la calle muchas personas en silla de ruedas o con bastón caminando solas es un indicio claro de que poco a poco se ha ido mejorando”.
La accesibilidad en Valladolid
Pucela no es como otras ciudades con demasiadas cuestas, inclinaciones y demás variaciones, lo que hace que el terreno sea más permisivo para las sillas de ruedas. De hecho, Valladolid tiene una media de un 2,45% de inclinación según el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Parquesol sería la excepción que confirma la norma, pero poco se puede hacer ante una colina de ese calibre. Beatriz nos cuenta algo que nos llevan repitiendo desde pequeños, que las apariencias engañan.
Lo que a ojos nuestros podría suponer un mero hecho sin importancia, resta autonomía a muchas personas de la localidad. Lidia Martín nos cuenta que su objetivo es la mayor autonomía y calidad de vida posible. Además, añade, que pueden conseguirlo interviniendo, haciendo terapias y enseñando a vivir en esa situación a estas personas “trabajamos en temas de accesibilidad y también en la adaptación de la vivienda”.

El día a día de las personas con discapacidad
Una de las problemáticas que dice tener Beatriz Monseco es con los cines que dicen ser accesibles aunque demuestren que no. Antes, tenía que apuntar en una libreta las salas por las que se entraba por abajo o por arriba, para poder ver o no la película según la entrada (refiriéndose a los Cines Broadway). Ahora dice que gracias a las reformas de centros como Vallsur, puede disfrutar de los largometrajes en sitios decentes sin tener que dejarse el cuello en el intento.
Los rebajes son otro de los grandes puntos a tratar para una mejoría general, ya que no siempre están bien hechos, tienen demasiada pendiente o directamente una silla de ruedas no puede subir por ellos. “Siempre hay que pensar en que una persona se pueda manejar ella sola […] no se puede pensar que a una persona la van a llevar siempre y le pueden salvar muchas dificultades” declaraba la propia Beatriz.
Las reformas en los comercios
Y así como los bordillos son inclinados en la calle, otras veces lo son en los locales, aquellos donde la ley crea vacíos legales donde los dueños se benefician pero al resto perjudican. Lidia Martín también trató el tema de la adaptabilidad de los comercios accesibles “todo lo nuevo tiene que ser accesible. Y aquello que estuviese ya construido antes de 2017 tenía que haberse convertido en accesible”.
Pero claro, y aquí el vacío legal, ¿dónde está? Pues en que el ajuste tiene que ser razonable técnica y económicamente viable para el dueño. Si un informe dice que no es viable o hay una imposibilidad arquitectónica (como una viga maestra), el negocio no está obligado a hacerlo accesible. “Quizá pueda haber un abuso de esos ajustes razonables para no convertir los entornos en accesibles […] si un técnico ratifica que esto no es viable hacerlo accesible, no le puedo obligar”.
La visión de Beatriz es la de una restricción permanente a no poder visitar sitios con su discapacidad y alega que deberían incentivarse ayudas para que los pequeños negocios puedan adaptarse y no supongan una carga, o la mínima, a los dueños o autónomos que tengan que hacer estas reformas.
¿Un posible futuro para la inclusión?
Llevar a la práctica las propuestas es clave para que la accesibilidad progrese. Por ello hay que saber el punto de partida antes de lanzar cualquier propuesta. La tarjeta de discapacidad, comúnmente conocida como ‘la tarjeta del parking’, es un documento azul que se lleva en los vehículos y está destinado a las personas con movilidad reducida.
Esto es algo que prácticamente toda la población sabe, pero lo más desconocido es la letra pequeña, dando estas tarjetas a personas con movilidad reducida que no requieren de la misma. “La discapacidad en una mano no interfiere en la movilidad para la ‘tarjeta del parking’ […] no te permite unas cosas y te tendrán que ayudar en eso, pero tú para bajar y subir de un coche y caminar no tienes problema” confesaba Beatriz Monseco.
Pero hay una propuesta para el futuro, una tarjeta de discapacidad europea. Algo de lo que Lidia Martín no ha podido hablar mucho ya que es todavía tan solo un borrador. “Ahora mismo esas tarjetas son municipales y las emite el ayuntamiento de la localidad. Lo que el CERMI está apostando, y lo que se ha aprobado, es una tarjeta europea que sea universal para que tú la puedas usar libremente por toda Europa. Hay varios borradores, pero yo que sepa todavía no hay nada concreto ni se sabe cuándo se va a poner en funcionamiento” dijo la técnica de accesibilidad de ASPAYM.

Lidia Martín también hizo una propuesta ante la pregunta de ¿y si una medida dependiera sólo de tí, ¿qué implantarías? A lo que ella propuso integrar las oficinas municipales de accesibilidad en los Ayuntamientos. Una especie de oficina o supervisor de accesibilidad que sea especialmente vigilante en que se cumpla la normativa de accesibilidad. Entiende que ya existe ese perfil profesional, pero sería mucho más fácil si hubiese una oficina que sea especialmente vigilante con esto “sería más sencillo para los ciudadanos dirigirse directamente a esa oficina para poder trasladar sus quejas y que sean solventadas con más agilidad”.
La accesibilidad no vale para cumplir
Para las personas con discapacidad tras este artículo las discapacidades van a continuar, no solo vale con que “cumplen lo mínimo para que pasen la inspección”, hay que hacer accesibilidad real, “esa es mi crítica” dijo Beatriz a modo de cierre. Porque por mucha normativa que haya, las dificultades y las piedras en el camino siguen existiendo pese a todo lo que se ha progresado estos últimos años.
Al final del día, la accesibilidad no se puede medir en las rampas o en las normativas aprobadas, sino en que estas personas mejoren su calidad de vida. Esto supone dejar a un lado la complacencia de los premios por buscar la comodidad para las personas con discapacidad. Porque una ciudad no se define por ser simplemente transitable, sino una en la que todos puedan manejarse de forma autónoma. La accesibilidad es necesaria y beneficiosa para todo el mundo, y así debe concebirse el mismo hoy y en el futuro.

