Manuel Díez: “El éxito actual es independiente; el tiempo es lo más valioso que tenemos y nada lo va a devolver”

Juventud dialogando

Los jóvenes actuales, en un ambiente tan incierto como interconectado, redefinen sus objetivos lejos de las certezas que acompañaron a las generaciones previas. Manuel Díez, de 24 años y recién graduado en Periodismo por la Universidad de Valladolid, representa la voz de una generación resiliente que se mantiene con los pies en el suelo. Manuel y su entorno han experimentado un cambio radical: en la actualidad, se valoran el tiempo libre, la flexibilidad y el bienestar personal más que las normas tradicionales de estabilidad forzada o acumulación material. Por el contrario, hace tres décadas los padres de Manuel tuvieron que asumir responsabilidades familiares y laborales desde temprana edad en un contexto rural.

Entrevistador: Tienes 24 años, una edad en la que antes se esperaba que uno ya tuviera la vida «resuelta» (trabajo estable, coche, planes de vivienda). Para ti y tu entorno, ¿qué significa realmente tener éxito hoy en día?

Manuel: Creo que la base de entender qué es hoy en día el éxito parte de comprender la evolución del tiempo y de las personas. La sociedad ha evolucionado de tal forma que ahora mismo se entiende que el éxito no reside en cumplir el papel de la mujer, de crear una familia, y de que el hombre tenga que trabajar para mantener esa familia. En un momento en el que todos somos cada vez más independientes en un mundo tan interconectado el éxito es igual de independiente.

Cada vez se ven más casos de jóvenes que vuelven al pueblo en busca de trabajos más tradicionales o manuales y para ellos eso es éxito, para otros es conseguir el trabajo soñado para el que han estudiado y para otros poder permitirse viajar. Es algo tan abstracto y personal que parte del éxito reside en respetar que para cada uno es una cosa. Para alguien puede ser conseguir muchísimo dinero y para otro vivir sin ataduras y no uno es más exitoso que otro.

Choque generacional

E: ¿Sientes que tus metas de vida son muy diferentes a las que tenían tus padres cuando tenían tu edad? ¿En qué chocan más?

M: Rotundamente sí. Mis padres, por ejemplo, no pudieron permitirse nunca tener estudios superiores ni acceder a la universidad. Ambos vivían en pueblos muy pequeños, con muy pocas posibilidades y muy alejados de las facilidades que tenemos a día de hoy. Todo eso sumado a la mentalidad de hace tres o cuatro décadas hace que fueran educados en otro estilo de vida. Concretamente mis padres han sufrido la pérdida de sus madres cuando no superaba ninguno los 18 años y en concreto mi madre tuvo que hacerse cargo de sus hermanos y mi padre continuar con el trabajo familiar para poder sacarlo todo adelante.

Todo esto no tiene nada que ver conmigo ni con la gente nacida después de los 90. Tenemos mejor calidad de vida, más oportunidad, las oportunidades de ir a la ciudad a buscar trabajo o a estudiar, de conocer gente, o simplemente de comprar un billete de avión online.

Choca absolutamente todo porque ninguno de los modos de vida tiene nada que ver entre sí. Ahora priorizamos el tener dinero para ocio y antes se priorizaba formar una familia. Ahora valoramos más el tiempo libre y antes había trabajos que no lo permitían. Antes un viaje de Zamora a Barcelona eran 15 horas de autobús y ahora es una hora de avión. Entonces tenemos que partir de entender la idea de que todo ha cambiado y con ello las metas en la vida, porque ahora, con 23 años terminas de estudiar y probablemente o no tengas pareja o no tengas dinero para mantener una familia y un hogar. 

E: Si tuvieras que elegir entre un puesto de gran responsabilidad y mejor sueldo, o un trabajo con un salario medio pero que te garantice flexibilidad y tiempo libre, ¿con cuál te quedarías y por qué?

M: El gran enigma de la sociedad actual. Yo personalmente soy de los que piensa que hay que vivir para trabajar y no trabajar para vivir, y que lo más valioso que tenemos es el tiempo. No hay nada que pague el tiempo ni nada que lo vaya a devolver. Para mí esos son los pilares fundamentales para decantarme por un trabajo con salario más bajo y más tiempo libre. Vivimos pegados a las pantallas, pero se habla mucho de que vuestra generación está buscando «desconectarse».

Salud y bienestar mental

E: En tu día a día, ¿consigues ponerle límites al móvil o sientes que la presión digital te supera?

M: Yo nunca he sentido presión digital ni he sentido adicción al móvil. Es cierto que tras haber estudiado periodismo me doy cuenta de que todo mi trabajo se basa en utilizar herramientas tecnológicas continuamente y que quizá eso puede fomentar la idea de estar hiperconectado, pero yo no me siento así, básicamente porque también me canso de scrollear o de consumir contenido vacío. Soy capaz de salir de casa sin el móvil para hacer la compra, de ir de viaje con otra persona y disfrutar de la compañía o simplemente de estar en una cafetería atento a la conversación que mantengo y no de utilizar el móvil mientras alguien me habla. 

E: Muchos jóvenes admiten que cuidan su salud mental apoyándose más en los amigos y en la comunidad que en los canales tradicionales. ¿Cómo os apoyáis entre vosotros cuando las cosas se ponen difíciles?

M: Principalmente buscando consejo en tus seres queridos, pero es cierto que actualmente tenemos muchas herramientas que te pueden ayudar en una situación difícil. Un libro de autoayuda, una entrevista de un especialista relacionado con el tema de tu problema, un documental de expertos o un testimonio de una persona que está pasando lo mismo que tú son grandes aliados y un consuelo en la actualidad. 

E: ¿Qué es lo que más te genera ansiedad cuando piensas en el día a día actual y cómo logras desconectar de ello?

M: Es curioso que en el presente me preocupe el futuro. Me preocupa mi futuro laboral en el que tener un título universitario no significa nada, tienes que acompañarlo de un máster y si son dos mejor, de un idioma certificado y si puedes tener siete años de experiencia en el mercado recién graduado de la carrera, mucho mejor. Eso es preocupante. Y eso va de la mano con el problema de la vivienda, que lo único que estamos viendo son parches para paliar la situación pero ninguna solución efectiva. Cada vez hay precios más desorbitados tanto en compra como en alquiler y también más exigencias a la hora de acceder a una vivienda digna.

Consumo y conciencia ambiental

E: Mucha gente de tu edad está cambiando la forma de comprar, apostando por dar una segunda vida a las cosas o consumir local. ¿Cómo se refleja esta mentalidad en tus decisiones de compra y en la gestión de tu dinero?

M: Compro nuevo y cuando dejo de utilizarlo, si está en buen estado lo vendo en aplicaciones de segunda mano, pero nunca he comprado cosas de segunda mano. Me gusta estrenar las cosas. En ese sentido lo que de verdad compruebo es el origen, primando siempre producto nacional. 

E: ¿Sientes que las pequeñas acciones individuales que hacéis los jóvenes (reciclar, comprar menos, reparar) sirven de algo frente a la crisis climática, o a veces aparece la frustración?

M: No. Mientras que los que hacemos esas acciones tan pequeñas seamos la clase trabajadora y los artistas, famosos y ricos en general sigan permitiéndose utilizar aviones privados, o grandes empresarios sigan echando residuos al mar, o grandes fábricas no limiten su producción y dejen de emitir gases, por mucho que yo tire mi tarro de lentejas de vidrio al verde y me compre un coche eléctrico, no voy a conseguir nada. 

Objetivos presentes y futuros

E: El futuro se presenta bastante cambiante (con el acceso a la vivienda, la evolución del trabajo, la inteligencia artificial…). ¿Te consideras una persona optimista respecto a lo que te depara el futuro a medio plazo?

M: Aunque me preocupa, soy bastante positivo con el futuro. Siempre he sido muy trabajador y no he tenido demasiadas facilidades a lo largo de la vida, por eso sé que las cosas hay que madrugarlas y trabajarlas y que nadie regala nada, y que así se acaban consiguiendo las cosas, siempre con los pies en la tierra.

E: Si pudieras cambiar una sola regla del juego de la sociedad actual para ponérselo más fácil a los jóvenes de 24 años, ¿cuál sería?

M: Sin duda, limitaría el precio de la vivienda. Realizar un estudio de mercado por zonas y ciudades, contando con el salario medio y con los metros de cada vivienda y en base a esos patrones establecer un máximo tanto de venta como de alquiler, así como evitar también cláusulas abusivas como que te soliciten más de un mes de fianza y el mes en vigor al iniciar un contrato de alquiler. 

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