El uso cada vez más normalizado de los dispositivos electrónicos preocupa cada vez más a la sociedad
Las pantallas ya forman parte del día a día, pero muchas veces no se sabe hasta qué punto. La mayoría lo primero que hace es apagar la alarma del móvil (pantalla), lo segundo es revisar noticias o las redes sociales (más pantallas). Luego se va a clase o a trabajar (más pantallas) y después llegamos a casa, donde se pone la televisión, se utiliza la tableta, se juega con la consola, se lee en el libro electrónico… En resumen, todo son pantallas.
Aunque se ve que se está con algunos dispositivos electrónicos desde que una persona se levanta hasta que se acuesta, realmente no se sabe qué consecuencias tienen en nuestro cuerpo, horarios de sueño, otros ámbitos… Con todo este tiempo, los jóvenes se pasan entre tres y cuatro horas diarias con pantallas en su tiempo libre, incrementándose durante el fin de semana.
Los datos nos indican que la situación no mejora, y que, además, los más pequeños cada vez empiezan antes, según la Sociedad Vasco-Navarra de Pediatría (SVNP) y la Asociación Vasca de Pediatría de Atención Primaria (AVPAP). El 31% de los alumnos de Educación Primaria pasan más de dos horas al día fuera del horaria escolar; el 51% cuenta con su propio smartphone y en la ESO este dato asciende hasta el 92% del alumnado.
En cuanto al uso, en el finde semana, el 40% de los adolescentes pasan más de cinco horas con un dispositivo electrónico en su tiempo de ocio, y entre semana el 42% pasa entre dos y cinco horas de su ocio con pantallas y un 25% afirma que las supera.
Otros estudios como el publicado en la revista JAMA Pediatrics, dirigido por el investigador Sam Teague de la Universidad James Cook (Australia), sostiene que los jóvenes que dedican más tiempo al uso de pantallas acaban teniendo problemas de salud mental, de conducta y académicos. Los expertos hablan de problema.
El decano del Colegio de Psicólogos de Castilla y León, David Cortejoso, afirma que es un problema “gordo”, que afecta “muy negativamente” a la capacidad de atención de los alumnos. Afirma que debemos aprender a “poner límites a nuestros jóvenes con esto”, pues está perjudicando también al sueño y descanso de los adolescentes.

Para el doctor, la solución no es sencilla. Lo primero es ser consciente de que hay un problema, es decir, una patología y tratarla como tal. Luego, está la educación de los padres, que deberían no usar las pantallas como método para que los niños estén entretenidos.
El método ideal sería enseñarles a comportarse en todos los entornos e ir poniendo límites al uso de dispositivos electrónicos según vayan avanzando los años. Por último, pero casi el más importante para él, la solución no la tienen que poner los centros educativos o los padres, sino que hay que mirar más arriba, a “aquellos que hacen los programas educativos”.
La doctora Marta Para, especialista en neurología y oftalmología y trabajadora del Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada de la Universidad de Valladolid (IOBA), opina que el tiempo de uso de pantallas tiene que ser el menor posible con descansos visuales. Ese uso excesivo puede llevar a problemas de acomodación, dolores de cabeza y aumentar la probabilidad de miopía. Además, hacía hincapié en evitar el uso de estas antes de dormir, ya que generan ciertos estímulos que no permiten la relajación necesaria.
Conclusiones
Pero no solo hay que fijarse en los efectos negativos, también hay consecuencias positivas. Hoy en día, las tecnologías digitales se utilizan para rastrear y diagnosticar problemas en la agricultura, la salud y el medio ambiente, o para realizar tareas cotidianas como el desplazamiento en automóvil o el pago de una factura. Pueden usarse para defender y ejercer los derechos humanos.
En el ámbito de la educación, los entornos virtuales de aprendizaje y la formación a distancia han llevado los programas educativos a estudiantes que podrían quedarse excluidos (ONU). Los servicios públicos también son cada vez más accesibles y responsables gracias a sistemas que las cadenas burocráticas son menos gravosas.

Por este motivo hay que enseñar desde el primer momento el buen uso para que no se haga un mal uso y poder solucionar los problemas. La tecnología es una realidad que se impone y muestra las oportunidades que brinda para seguir con ciertas funciones necesarias de la vida. El proceso de aprendizaje es progresivo, gradual y en cada etapa hay unos desafíos distintos.
En todos los contextos, los niños, niñas y adolescentes siguen necesitando a los adultos disponibles, que les enseñen y los valoren. Es importante que estimulen su capacidad para manejarse con la tecnología, de la misma forma que desarrollan otras habilidades para la lectura o las matemáticas. Para que esto suceda, los adultos siguen siendo las personas más importantes de su vida y recordar todos los días las distintas características (UNICEF).
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